Why Do We Need an Independent and Democratic Union for Restaurant Workers? / ¿Por qué necesitamos una unión independiente y democrática para trabajadores de restaurante?

On March 15, with the stroke of de Blasio’s pen, countless workers in our sector have found ourselves kicked to the curb, left to fend to ourselves. A small minority of among us have been forced to work long hours under dangerous conditions. The choice they offer us is whether we want to suffer from hunger or risk death from COVID-19.

The situation has displayed the fundamental weakness of workers in our sector. Now is the time to organize, so we can transform that weakness into strength, assert our humanity, and show that we cannot simply be disposed of with severance packages consisting of little more than empty words about how “we are all family,” and “all in this together.”

Recent events have shown that workers who have organized themselves into unions are not so easily cast aside.

For example, communications and electrical workers – organized in the CWA and IBEW, respectively – negotiated 26 weeks of paid leave for workers who tested positive for COVID-19, and for those that needed to care for an ill family member, or needed childcare, or had underlying health conditions, they won paid leave for 8 weeks and an additional 18 weeks at 60% pay.  Another example: when the crisis hit, the UAW forced Ford, GM, and Fiat Chrysler to shut down US plants.

However, the power of workers in these struggles are limited by the undemocratic nature of the big unions affiliated to AFL-CIO and Change to Win.

For example, in 2018, during the negotiations for a UPS contract – the largest collective-bargaining contract in North America – the Teamster leadership used a loophole in the union’s constitution to override a 54% ‘No’ vote, and signed the contract against the will of the rank-and-file. At the same time, they forced an additional 12,000 workers in the Freight division to vote on a contract they had already rejected by threatening them with a lockout and removal of medical benefits. Even now, with UPS workers classified as “essential” front-line workers, the Teamster leadership is refusing to fight for basic protective equipment, forcing workers to bring their own from home!

Organizers of RWC-CTR have first-hand experience of how union leadership has not always proceeded from the best interests of the workers. When the New School laid off 30 cafeteria workers, UNITE HERE Local 100 only responded with an anemic petition, and refused to consider a strike. It was only after an occupation by militant workers and students, acting against the wishes of the conciliatory union leadership, that the layoff was reversed.

The transit system offers another example: when the MTA offered a contract to the workers of TWU Local 100 that cut real wages, increased health-care costs, took away overtime, cut vacation, and threatened layoffs, the union waited months before calling a rally. When dozens of workers rallied outside an MTA board meeting, the union president, Tony Utano, called them ‘disloyal troublemakers.’

This is why the union we build must be fully democratic and independent, in which leadership is not only voted in, but subject to recall at any time, and in which tasks are determined and assigned by a collective decision-making process. Any restaurant worker in the union should be able to raise any issue at any time and propose it to the organization. The democratic process in the union will be the mechanism through which anything and everything will be taken up and debated, resolutions proposed and voted on, and so forth.

As it is, we lack a camp of struggle through which we can secure our jobs. The COVID-19 crisis shows the importance of our self-organization as workers. With the recession only beginning, unemployment is growing and will remain high for a long time after the health crisis recedes. If we are unorganized, the bosses will easily be able to use the situation to increase competition between workers in order to force us to take lower-paying jobs and weaken what rights we have, just like they did when the minimum wage was increased in 2019 and restaurant owners responded by cutting the number of jobs in the city.

In this difficult situation, we must look out for each other. We must see ourselves through the lockdown and build our camp of struggle, so that we are no longer worked until our bodies break in good times, and so that we can no longer be thrown into the street when the next crisis hits. We must build our own democratic and independent union starting today.

STRONGER TOGETHER!


En el día quince de marzo, con un golpe de bolígrafo de parte de De Blasio, nosotros trabajadores sin numero nos quedamos en la calle, dejados a valernos por si mismo. A una pequeña minoría de nosotros nos han forzado a trabajar más horas todavía bajo condiciones peligrosas. La decisión que nos han dado es entre morir de hambre o arriesgarnos la muerte del COVID-19.

Esta situación nos ha enseñado la debilidad fundamental de trabajadores en nuestro sector. Ahora es el momento para organizarnos, para que podamos convertir esa debilidad en fuerza colectiva, afirmar nuestra humanidad, y enseñarles a los patrones que no nos pueden tirar a la calle con nada más que unas palabras huecas, de como todos “somos familia”, o como “todos estamos en esto juntos”.

Eventos recientes nos han enseñado que a trabajadores organizados no se tiran a la calle tan fácilmente.

Por ejemplo, trabajadores eléctricos y de comunicaciones – organizados respectivamente en la CWA y IBEW – negociaron 26 semanas de licencia médica pagada para trabajadores que se dieron positivo por el COVID-19, y para los que tuvieron que cuidar a un familiar, o quedarse en casa por razón de condición medica subyacente, ganaron 8 semanas de licencia pagada, y 18 semanas de licencia al 60% de salario. Otro ejemplo: cuando empezó la crisis, el UAW  les forzó a cerrar las fabricas estadounidenses de Ford, GM, y Fiat Chrysler. 

A la misma vez, la fuerza colectiva de los trabajadores está limitada por la naturaleza antidemocrática de las grandes uniones afiliadas al AFL-CIO o Change to Win.

Por ejemplo, en 2018, durante la negociación de un contrato con UPS – el contrato de negociación colectiva más grande en Norteamérica – el liderazgo de los Teamsters usaron una escapatoria en la constitución del sindicato para invalidar una votación de ‘No’ de parte del 54% de los trabajadores, e imponer el contrato contra la voluntad de la tropa obrera. A la misma vez, forzaron a 12.000 trabajadores en la division de carga a votar de nuevo un contrato que ya rechazaron, amenazándoles con un cierre patronal y la terminación de sus beneficios medicos. Ahora mismo, cuando los trabajadores de UPS están clasificados como “esenciales”, el liderazgo de los Teamsters niega luchar por equipo de protección básico, dejando a los trabajadores a traerlo de casa. 

Organizadores del RWC-CTR han tenido experiencia propia de cómo el liderazgo sindical no siempre procede de los mejores intereses de los trabajadores. Cuando el New School despidió a 30 trabajadores de cafeteria, UNITE HERE local 100 respondió con una petición anémica, y rechazó la posibilidad de una huelga. Fue solo después de una ocupación por trabajadores y estudiantes militantes, actuando en contra de los deseos conciliatorios del liderazgo sindical, que el despido fue rechazado. 

El sistema de transito nos da otro ejemplo: cuando la MTA les ofreció a los trabajadores de TWU local 100 un contrato que cortaba salarios reales, quitaba el tiempo suplementario, cortaba vacaciones y licencias, y amenazaba despidos, el liderazgo de la unión se espero meses antes de montar una manifestación. Cuando decenas de trabajadores se manifestaron fuera de una reunion de la junta directiva de la MTA, el presidente de la unión, Tony Utano, les llamó alborotadores desleales. 

Esto nos enseña por que la unión que construiremos tiene que ser democrática e independiente, en que los lideres no solo serán elegidos pero sujetos a revocación a cualquier momento, y en que las funciones colectivas se decidirán y se asignarán en un proceso de decisión colectiva.  Cualquier trabajador de restaurante tendrá el derecho a plantear cuestiones a cualquier momento y proponerlas a la organización. El proceso democrático será el mecanismo dentro de que todo se va a retomar y debatir, todas las resoluciones se presentarán, etc.

Al momento, nos falta una arena de lucha en que podemos asegurarnos de nuestros trabajos. El crisis de COVID-19 nos enseña la importancia de nuestra propia organización como obreros. Con la recesión solamente empezando, el desempleo se incrementará y se mantendrá a niveles altos por mucho tiempo después de que el crisis de salud se remite. Si seguimos sin organización, los patrones fácilmente usarán la crisis para aumentar la competencia entre trabajadores para forzarnos a aceptar trabajos de salario aun más bajos, y debilitarán los pocos derechos que tenemos, como hicieron en 2019 cuando cortaron el numero de trabajos en la ciudad después del incremento del salario mínimo. 

En esta situación difícil, tenemos que cuidar de nosotros mismos. Vamos a asegurar que pasaremos por la cuarentena y construiremos nuestro campo de batalla, para que no nos trabajen hasta que rompamos nuestros cuerpos en tiempos buenos, y para que no nos tiren a la calle cuando venga la próxima crisis. Tenemos que construir nuestra propia unión democrática e independiente empezando hoy.

¡SOMOS FUERTES JUNTOS!

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