All Restaurant Workers Must Join the Struggle Against Racism in Our Industry! / ¡Todos los trabajadores de restaurantes deben juntarse a la lucha contra el racismo en nuestra industria!


The recent rebellions against the continued police murders of Black people have emboldened many oppressed nationalities in the US to recount the histories of their oppression and exploitation. However, these expressions of bitterness will remain mere words if they are not transformed into concrete programs of struggle through which we can transform reality. This need is felt nowhere more than in the restaurant industry, one of sectors in the US economy whose workforce is most divided by nationality and race.

Anyone who has worked in a restaurant knows that not all restaurant jobs are equal, and any two workers will have vastly different experiences. In restaurants, as in other industries, there exists a distribution of jobs according to nationality and race that is reinforced by racist ideas, with Black and Latino workers disproportionately represented in the lowest-paying positions. The spearhead of the bosses’ attack against restaurant workers as a whole has always been turned towards Black and Latino workers.

At the national level, Black workers make up 10.9% of the restaurant industry, but represent 20% of cashiers and counter attendants, the lowest-paid positions in the industry, with a national median wage of $8.23/hour. Although Latino workers represent a quarter of the restaurant industry, they make up 42.3% of dishwashers, the second lowest-paid position, with a median wage of $8.62/hour. On the other hand, Black and Latino restaurant workers are both least likely to be bartenders, one of the highest paid positions in the industry, with a median wage of $12.68/hour.[1] (Of course, the numbers in New York City are higher than the national averages in absolute terms, but the hierarchy of wages by nationality and race is the reality here as much as anywhere else.)

The poverty rate for restaurant workers across racial categories is significantly higher than the poverty rate for workers in other industries, but it is particularly high for Black and Latino restaurant workers: the poverty rate for Black restaurant workers is 27.1%, compared to 19.9% and 13.9% for Latino and white restaurant workers, respectively.2[2] Black restaurant workers experience poverty not only at the highest rate of all restaurant workers, but also at over twice the rate of Black workers in other industries. It is no coincidence that this is the case in an industry in which only 1.3% of the workforce is unionized.

The racialized hierarchy of wages serves the bosses by sowing division among workers, preventing us from seeing our common struggle with workers in different positions. When workers are divided, we are weak, and when we are weak, the bosses can get away with paying us abysmally low wages with no benefits, force us to work long hours, lay us off without warning, refuse to pay for uniforms or protective equipment …. The path forward can only be organizing all restaurant workers in a democratic and independent union that refuses all attempts to divide us.

The process of unionizing the industry must proceed from a clear recognition of the unique material realities faced by different restaurant workers. In particular, we must make it our long-term task to destroy the racialized hierarchy of wages. If we overlook our existing divisions and treat restaurant workers as a monolith – that is, if we fail to confront this hierarchy and the pervasive racism that sustains it – then we will remain scattered and powerless, unable to accomplish anything. We must not forget that we have a common opponent and a collective interest as workers.

Racism is a weapon against the working class and the people. We must fight all who wield the weapon of racism: the bosses, the state – but also racist workers. It is to the bosses’ benefit that the white bartender gets higher wages or benefits. And if that white bartender refuses to fight alongside the undocumented dishwasher or the Black porter, they are acting – ultimately against their own interests – as an agent of the bosses.

This is why we say: for equal work, an equal wage! This must be the central concrete demand around which we unify our ranks for the difficult fight ahead. Only if we take up this demand and make it a reality can the union we seek to build serve the needs of all workers, especially those that bear the brunt of the burden of exploitation in restaurants.


[1] Economic Policy Institute, “Low Wages and Few Benefits Mean Many Restaurant Workers Can’t Make Ends Meet,” 2014 <https://www.epi.org/publication/restaurant-workers/>.

[2] Ibid.

Las recientes rebeliones contra los asesinatos policiales continuos de gente Negra han animado a las nacionalidades oprimidas en los EEUU a recontar las historias de su opresión y explotación. Sin embargo, estas expresiones de amargura se quedaran como meras palabras si no están convertidas en programas de lucha concretas, a través de cuales podemos transformar la realidad. Esta necesidad se sienta en ningún lugar más que en la industria de restaurantes, uno de los sectores de la economía estadounidense que tiene la fuerza laboral mas dividida por nacionalidad y raza.

Todos que han trabajado en un restaurante saben que todos los trabajos no son iguales, y que cualquier par de trabajadores pueden tener experiencias diferentes. En restaurantes, como en muchas industrias, existe una distribución de trabajos por nacionalidad y raza reforzada por ideas racistas, con trabajadores negros y latinos desproporcionadamente representados en las posiciones peores pagadas. La punta de la lanza del ataque contra todos los trabajadores de restaurantes siempre ha sido apuntada a trabajadores negros y latinos.

A nivel nacional, trabajadores negros son el 10,9% de los trabajadores en la industria de restaurantes pero son el 20% de los cajeros y asistentes de mostrador, los trabajos con el salario más bajo de la industria, con un salario mediano nacional de $8,23/hora. Aunque los trabajadores latinos representan un cuarto de la industria de restaurantes, son el 42,3% de lavaplatos, el trabajo con el salario segundo mas bajo con mediana de $8,62/hora. Por otro lado, trabajadores negros o latinos son los menos probables a trabajar como bartender, una de las posiciones mejores pagadas en la industria con un salario mediano de $12,68/hora.[1] (Claro, los números en Nueva York son mas altos que el promedio nacional en términos absolutos, pero la jerarquía de salarios por nacionalidad y raza es la realidad aquí tal vez como en cualquier sitio.)

La tasa de pobreza para trabajadores a través de categorías raciales es considerablemente mas alta que la tasa de pobreza para trabajadores en otras industrias, pero es particularmente alta para trabajadores de restaurante negros y latinos: la tasa de pobreza para trabajadores negros es 27,1% comparado al 19,9% y el 13,9% para trabajadores latinos y blancos respectivamente.[2] Los trabajadores negros no solo experimentan la pobreza a la proporción mas alta de todos los trabajadores de restaurante, sino también a doble la proporción de trabajadores negros en otras industrias. No es coincidencia que esto sea el caso en una industria en que solamente el 1,3% de la fuerza laboral esta sindicalizada.

La jerarquía racial de salarios sirve a los jefes, sembrando divisiones entre trabajadores, previniendo que veamos nuestra lucha colectiva con trabajadores en otras posiciones. Cuando los trabajadores están divididos, somos débiles, y cuando somos débiles, nuestros jefes salen impune de pagarnos salarios abismales sin beneficios, forzarnos a trabajar muchas horas, despedirnos sin aviso, negarse a pagar por uniformes o equipo de protección…. El camino adelante solo puede ser a través de organizar a todos los trabajadores de restaurante en una unión democrática e independiente que rechaza a todos los intentos a dividirnos.

El proceso de sindicalizar la industria tiene que proceder del reconocimiento de las realidades materiales únicas enfrentadas por diferentes trabajadores de restaurantes. En particular, debemos poner como meta la destrucción de la jerarquía racializada de salarios. Si pasamos por alto a nuestras divisiones y tratamos a los trabajadores cómo monolito— es decir, si fallamos a enfrentar esta jerarquía y el racismo penetrante que lo sostiene— nos quedaremos esparcidos y sin poder, incapaces de lograr nada. No podemos olvidarnos de que tenemos un enemigo común y interés colectivo como trabajadores.

El racismo es una arma contra la clase obrera y el pueblo. Tenemos que luchar contra todos que empuñan el arma del racismo: los patrones, el estado — y también los trabajadores racistas. Es para el beneficio del jefe que el bartender blanco gane más o tenga mas beneficios que sus compañeros. Y si ese bartender blanco rechaza luchar al lado del lavaplatos indocumentado o el conserje Negro, se actúan — en última instancia, contra de sus propios intereses— como agente de los jefes.

Esto es por qué decimos: ¡Por trabajo igual, un salario igual! Esto tiene que ser la reivindicación concreta alrededor de que unimos nuestra tropa para la lucha difícil que nos enfrenta. Solo si hacemos nuestra esta reivindicación, y la hacemos realidad, podemos servir las necesidades de todos los trabajadores con la unión que estableceremos, especialmente los que llevan la peor parte de la explotación en los restaurantes.


[1] Economic Policy Institute, “Low Wages and Few Benefits Mean Many Restaurant Workers Can’t Make Ends Meet,” 2014 <https://www.epi.org/publication/restaurant-workers/>.

[2] Ibid.

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