Personal testimonials / Testimoniales personales


These are testimonials from four workers. / Estos son testimonios de cuatro trabajadores.

1:

In the second week of March, the restaurant where I worked began to shut down due to coronavirus. Looking back, it was clear that management knew what was going on, but intentionally kept us workers in the dark.

The first thing we noticed is that the owners and top-level management had stopped coming in – something I had never seen in my years working there. In the front of the house, there was a series of changes: they encouraged us to wash our hands frequently, we no longer had to fold customers’ dirty napkins when they got up to use the restroom, and half of the dining tables were removed to comply with new capacity requirements. The management sent us a note: if one of us was infected, the restaurant would have to close, and that could not happen.

On March 15, De Blasio closed the restaurants in NYC. All the workers at our restaurant and our sister restaurants were notified that we had been furloughed, without severance. We also got an email letting us know that one worker had tested positive for COVID-19, but they would not tell us who they were or where they worked in the restaurant, supposedly in order to respect the “privacy” of the worker. I received a lot of nervous text messages from coworkers, discussing who might have contracted the disease and worrying about exposure to the virus.

Around this time, the restaurant owners sent out a petition for us to sign in order to help “save the restaurant.” The petition was in support of legislation that was not explained in detail, but upon close inspection it was apparent that its aim was to weaken existing labor laws, in particular the WARN Act and New York’s ‘Fair Workweek’ law. We were being asked to fight for the needs of the owners – against our own interests as workers!

At the same time, we were told that the owners were “fighting for us” by raising money through a GoFundMe charity, with proceeds to benefit undocumented workers who could not easily qualify for unemployment. The charity brought in over $100,000. After receiving one pay out, none of the undocumented workers I had spoken with had received additional funds that were promised from the GoFundMe. I have no idea where that money went, and neither do any of my coworkers. A former manager at the restaurant speculated privately to me that the money, which had been raised with the understanding that it would go to workers in need, had been used for other purposes.

The restaurant owners gave media interviews where they mentioned the plight of “their” workers, but mainly complained about their own difficulties paying bills. I should note that more than one of the investors in the restaurant is a billionaire.

In June we were permanently laid off. The one worker I know who was retained for outside dining was promised cash payments ‘under the table’, but the last time I spoke to him, he had not received a single penny after weeks of work, all while risking exposure to the virus.

There are a lot of lessons that I have drawn from this experience, but they all boil down to one: restaurant workers cannot trust the owners and managers. We can only depend on ourselves.

2:

I was working as a full-time waiter in a Soho Restaurant, until the situation left all of us without a job. Personally, I haven’t been able to collect unemployment because of my legal status, which has made it more complicated to get through. COVID-19 has impacted all the areas of my life and my family as well.

3:

I worked in a restaurant in New York for 16 years. My wage has always been low. For several years I worked as a busboy, and I was paid cash.

Ten years ago, I began to pay taxes but even then my pay was still always low.

Two years ago, I began to work as a waiter and my wage has always been $10 per hour.

Due to the pandemic, I had to stop working for 3 months. A little while ago, I worked doing deliveries during the week for the same restaurant, but I had to stop due to an accident (I fell off of my scooter in the rain). I was left without work for another two weeks.

Having recovered, I once again asked for work, once again as a waiter since they began to bring tables out onto the street. At last, they gave me two days (Saturday and Sunday) at least for now because there are a lot of us and they are seeing the schedule they’ll give to each of us. The wage remains the same $10 (though our check is smaller for the things taken out of it).

This is the situation that I am in, we’ll see what happens with time.

4:

After three months of being without work because of COVID-19, the return has not been easy. Definitively, the new normalcy benefits the same people as always; the restaurant owners, who have left us with a weak system of bio-security, and fewer hours of work, meaning less pay. We can see the lack of loyalty on the part of the company towards its employees because they did not call many of those who had been working before the pandemic, and instead hired new personnel. For this reason, there is no reason to believe the phrase that says that “we are all family.” It’s only practiced when it’s convenient for the bosses.

1:

En la segunda semana de marzo, el restaurante donde trabajaba empezó a cerrarse por el coronavirus. Mirando hacia atrás, fue claro que los dirigentes sabían lo que estaba pasando.

La primera cosa que notamos fue que los dueños y los dirigentes de alto nivel pararon de venir — algo que nunca he visto en todos mis años trabajando allí. En el frente de casa, había una serie de cambios: estábamos alentados a lavarnos las manos frecuentemente, ya no teníamos que doblar las servilletas sucias de los clientes cuando se levantaban para ir al baño, y medio de las mesas fueron quitadas para cumplir las nuevas normas de capacidad. Los dirigentes nos mandaron una nota: si uno de nosotros se infectó, el restaurante tendría que cerrar, y eso no podría pasar.

En el 15 de marzo, De Blasio cerró los restaurantes de NYC. Todos los trabajadores en nuestro restaurante y en los restaurantes hermano fueron despedidos temporariamente sin indemnización. También recibimos un email diciéndonos que un trabajador dio positivo por COVID-19, pero no nos contaron quién era o donde trabajaba en el restaurante, supuestamente para proteger la “privacidad” del trabajador. Recibí muchos mensajes de texto nerviosos de compañeros de trabajo, discutiendo quién podría haber contactado la enfermedad, y preocupándose por la posibilidad de haber sido expuesto al virus.

Cerca de este momento, los dueños del restaurante mandaron una petición para firmar para “salvar el restaurante.” La petición apoyaba legislación que no fue explicado en detalle, pero después de inspección fue aparente que apuntaba a debilitar leyes laborales existentes, particularmente el Acto WARN y la Ley de ‘Semana Laboral Justa” de Nueva York. Nos pidieron a luchar por los intereses de los dueños— ¡En contra de nuestros intereses como trabajadores!

A la misma vez, nos dijeron que los dueños estaban “luchando por nosotros”, recaudando dinero a través de una fundación GoFundMe, con los fondos yendo a trabajadores indocumentados que no podían fácilmente calificar para seguro de desempleo. La fundación colectó más que $100.000. Despues de recibir un cheque, ninguno de los trabajadores indocumentados con quien yo había hablado recibieron fondos adicionales prometidos por el GoFundMe. No tengo ni idea adónde fue el dinero, y tampoco saben mis compañeros. Un viejo dirigente del restaurante especuló que el dinero, colectado con el entendimiento que hiera a trabajadores en necesidad, fue usado para otros fines.

Los dueños del restaurante dieron entrevistas en los medios donde mencionaron la crisis de “sus” trabajadores, pero mayormente se quejaron de sus propias dificultades pagando sus facturas. Debería mencionar aquí que más que uno de los inversores es multimillonario. 

En junio, nos despidieron permanentemente. El único trabajador que fue retenido para comida al aire libre fue prometido pago en efectivo bajo cuerda, pero la última vez que hablé con él, no había recibido ni un penique después de varias semanas de trabajo, todo el tiempo arriesgándose por el virus.

Hay muchas lecciones que he sacado de esta experiencia, pero todos se reducen a una: trabajadores de restaurante no pueden contar en los dueños y los dirigente. Solo podemos depender de nosotros.

2:

Yo trabajé de mesero a tiempo completo en un restaurante en SoHo, hasta que la situación nos dejo todos sin trabajo. Personalmente, no he podido recibir seguro de desempleo por mi estatus legal, que ha hecho a todo mas difícil. El COVID-19 ha impactado todas las areas de mi vida, y mi familia también.

3:

Trabajé en un restaurante de New York durante 16 años. Mi sueldo siempre fue bajo. Durante varios años trabajé de Bus-boy. Me pagaron en cash.

Hace 10 años empecé a pagar impuestos pero aún así mi sueldo siempre fue bajo.

Hace 2 años empecé a trabajar de mesero y mi sueldo siempre a sido $10 dólares por hora.

Debido a la pandemia dejé de trabajar durante 3 meses. Hace poco trabajé haciendo delivery durante una semana en el mismo restaurante, pero lo dejé debido a un accidente a causa del clima (me caí de mi scooter por la lluvia). Me quedé sin trabajo otras 2 semanas.

Ya recuperado volví a pedir trabajo, ahora de mesero porque empezaron a sacar mesas afuera en la acera.

Por fin me dieron 2 días (sábado y domingo) según por ahora porque somos muchos y están viendo el horario que nos van a dar cada uno. El sueldo sigue siendo el mismo $10 la hora(pero el cheque que recibimos es menos por el descuento que te hacen).

Esta es la situación que estoy pasando ,vamos a ver qué pasa con el tiempo.

4:

Después de tres meses de estar sin trabajar debido al COVID-19 no ha sido nada fácil el regreso. Definitivamente, la nueva normalidad a quien está beneficiando es cómo siempre; a los dueños de los restaurante, que han dejado un sistema débil de bio-seguridad, y menos horas de trabajo, que equivalen a menos salario. Podemos ver la falta de lealtad de la empresa con sus empleados porque no llamó a los que ya estaban trabajando antes de la pandemia si no que contrataron nuevo personal. Por eso no hay que creer en la frase que dice que “somos una familia.” Solo la aplican nada más cuando a los jefes les conviene.

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