When Restaurant Workers Were on the Frontlines of the Labor Movement / Cuando los trabajadores de restaurantes estaban en la vanguardia del movimiento obrero

Workers in the restaurant industry have always aspired to organize, to resist the attacks of the bosses, and to conquer social and political ideas. / Los trabajadores de la industria de restaurantes siempre han aspirado a organizarse, resistir los ataques de los jefes, y conquistar las ideas sociales y políticas.

Released in September, the State of the Unions 2020 report confirmed once again what every restaurant worker already knows: unions are practically nonexistent in the industry. The unionization rate in restaurants is 1.4% nationwide, 3% in New York state, and 3.4% in the New York metro area. As we have noted, these are the lowest rates of any industry in the whole economy.

Each day, the pandemic and the economic crisis continue to demonstrate the dire consequences of this exceptional lack of worker organization. This weakness has only been reinforced by the falsehood that “worker centers” sponsored by wealthy foundations represent a “new labor movement,” a supposed update and improvement that is superior to “traditional” unions. Once a highly fashionable belief, this fantasy has circulated by now for years in labor circles. Restaurant workers can see the terrible results for themselves.

To face the present absence of real organization and to seize the future that belongs to all those who labor, restaurant workers can draw lessons from the little-known history of their past, when workers of the industry were not set apart from other workers by their dependence on philanthropic foundations and so-called “high-road” bosses, but widely respected for their organized strength and class independence.

In fact, during the 1930s, the restaurant industry was one of the few sectors in the country where more organized workers joined socialist-led unions that were independent from the conservative American Federation of Labor (AFL) than the AFL union. Members belonging to the independent Amalgamated Food Workers (AFW) and the independent Food Workers Industrial Union (FWIU) surpassed those of the AFL-affiliated Hotel and Restaurant Employees (H&RE).

The independent unions had a record of opposing class collaboration, conducting successful organizing drives such as a 1929 campaign among cafeteria workers in NYC, and leading militant strikes. They also published newspapers to give expression to worker perspectives: the AFW’s Free Voice and the FWIU’s Food Worker.

The H&RE on the other hand tried to undermine struggles involving the AFW and the FWIU at every turn through secret deals and worker-boss collaboration. This corrupt AFL affiliate was so decrepit and closely linked to mobsters that a leader of its waiters’ local was murdered in a dispute between mobsters during the union’s national convention in 1936 and a leader of its cafeteria workers’ local later killed himself after being charged with racketeering.

In the second half of the 1930s, two mergers took place: first the AFW with the FWIU, and then the FWIU with the H&RE during the latter’s effort to rid itself of organized crime by relying on the force of the FWIU’s large and active membership. Following the mergers, former leaders of the AFW/FWIU came to lead the majority of H&RE locals, launching aggressive campaigns in restaurants and hotels, coinciding with the 1934-38 period of the dramatic transformation of worker organization. In this way, the labor movement as a whole in the industry was renewed on the basis of the trade union program and hard work of the independents.

This brief historical snippet is only the tip of the iceberg of the vast chronicles of the organized workers of the restaurant industry. The AFW and the FWIU did not emerge from nowhere: before them came many others in a long tradition of labor struggle that extends all the way back to the first clubs of cooks and waiters founded in the 19th century by immigrant worker socialists.

Despite what those with only a short-term outlook might assume, workers in the restaurant industry have always aspired to organize, to resist the attacks of the bosses, and to conquer social and political ideas. There is no better time than today to take up the thread and add our own contributions to this great historical lineage.

El informe State of the Unions 2020, publicado en septiembre, confirmó de nuevo lo que ya era sabido por todos los trabajadores de restaurantes: los sindicatos son prácticamente inexistentes en la industria de restaurantes. Las tasas respectivas de sindicalización en restaurantes son 1.4% (del país), 3% (del Estado de Nueva York), y 3.4% (del área metropolitana de Nueva York). Como hemos mencionado, estas tasas son las más bajas de cualquier industria de la economía estadounidense.

Con cada día que pasa, la pandemia y la crisis económica siguen demostrando las graves consecuencias de esta excepcional falta de organización obrera. Esta debilidad se ha agravado por una creencia falsa: que los “centros de trabajadores” patrocinado por fundaciones ricas son un “nuevo movimiento obrero,” mucho mejor que los sindicatos “tradicionales”. Esta idea (o fantasía) muy de moda ha circulado por años en los círculos del movimiento obrero. Los trabajadores de restaurantes pueden ver los horribles resultados por sí mismos.

Para enfrentar la ausencia de organización real y reclamar el futuro que pertenece a la clase obrera, los trabajadores de restaurantes pueden extraer lecciones de la poco conocida historia de su pasado. Durante importantes períodos de esta historia, trabajadores de restaurantes no se distinguían de los trabajadores de otras industrias por su dependencia de las fundaciones filantrópicas y los llamados “buenos” jefes, pero fueron ampliamente respetados por su fuerza organizada y su independencia como clase.

De hecho, durante la década de los 30, la industria de restaurantes fue una de las pocas en el país en la que más trabajadores sindicalizados se habían afiliado a los sindicatos independientes dirigidos por socialistas que a la filial de la conservadora American Federation of Labor (AFL). La cantidad de miembros del independiente Amalgamated Food Workers (AFW) y el independiente Food Workers Industrial Union (FWIU) superó la de la filial de la AFL: Hotel and Restaurant Employees (H&RE).

Los sindicatos independientes AFW y FWIU tenían un historial de oponerse a la colaboración de clases, conducir campañas exitosas de organización como una campaña entre trabajadores de cafeterías en NYC en 1929, y liderar huelgas militantes. Ellos también publicaban periódicos para expresar las perspectivas de los trabajadores: la Free Voice del AFW y el Food Worker del FWIU.

Por otro lado, el H&RE trataba de socavar las luchas de los miembros del AFW y FWIU a cada paso con acuerdos secretos y la colaboración trabajador-empleador. Esta filial corrupta de la AFL era tan decrépita y estrechamente vinculado a los mafiosos que un líder de su local de camareros fue asesinado en una disputa entre mafiosos durante el congreso nacional del sindicato en 1936 y otro líder de su local de trabajadores de cafeterías luego se suicidó después de recibir cargos criminales de extorsión.

En la segunda mitad de los 30, había dos fusiones: primero el AFW con el FWIU, y luego el FWIU con el H&RE durante una iniciativa del H&RE para eliminar la delincuencia organizada entre sus filas con la ayuda de la fuerza de la membresía grande y activa del FWIU. Tras las fusiones, antiguos dirigentes del AFW/FWIU llegaron a liderar la mayoría de los locales del H&RE, lanzando campañas agresivas en restaurantes y hoteles, coincidiendo con el período de 1934-38 de la dramática transformación de la organización obrera. De esta manera, el movimiento obrero en su totalidad en la industria fue renovado sobre la base del programa sindical y trabajo duro de los sindicalistas independientes.

Este breve fragmento histórico es solo la punta del iceberg de las vastas crónicas de los trabajadores organizados de la industria de restaurantes. El AFW y el FWIU no surgieron de la nada: antes que ellos había muchos otros en una larga tradición de lucha obrera que se remonta a los primeros clubes de cocineros y camareros fundados en el siglo XIX por trabajadores socialistas inmigrantes.

A pesar de lo que se pueda suponer con una perspectiva cortoplacista, los trabajadores de la industria de restaurantes siempre han aspirado a organizarse, resistir los ataques de los jefes, y conquistar las ideas sociales y políticas. No hay mejor momento que hoy para retomar el hilo y sumar nuestros propios aportes a este gran linaje histórico.

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