Our Lack of Organization Is a License to Kill / Nuestra falta de organización es licencia para matarnos


As we usher in the new year, Covid-19 continues to wreak havoc across the globe, setting records in cases and deaths. The daily death toll in the US hit a devastating high of 4,085 dead on January 8. New York City has been no exception to this trend, with daily cases reaching as high as 17,000+ in early January. As hospitals all over the country struggle to handle the volume of Covid-19 patients, outdoor, and even indoor dining, continues to be permitted in most states, even while growing evidence demonstrates that dining out is a particularly risky activity.[1] The vaccine offers hope for the future, but when restaurant workers are eligible to receive the vaccine is still not exactly clear, and in general, distribution of the vaccine has been disastrous.

With a lack of clear guidance on the federal level and states being left to make their own decisions, the handling of Covid-19 cases at restaurants is at the mercy of capital. The following two stories, shared with RWC-CTR by NYC restaurant workers, display the inconsistent responses of owners.

Akmyrat (age 23), a busser from Queens, sent us the following story in mid-December:

I contracted a mild case of Covid-19 in December. I was working at the time and had barely noticeable symptoms of congestion. I was alarmed, however, when I realized my sense of smell was gone one evening after work. I contacted my boss and didn’t go into work. I received a positive test result, meaning I had been contagious at work for two days and most of my co-workers were at risk of having contracted the virus. I quarantined at home, and once I was fully recovered I returned to work. I found out upon returning that the restaurant never closed down at all and that none of my coworkers had gotten tested or quarantined, even the ones who had been in close contact with me. I was relieved to know that none of my co-workers were sick, but alarmed that they could have been asymptomatic carriers. I completely understand how difficult it would be for my coworkers to miss out on a significant chunk of work and they might not have felt like they had the option to request time off to get tested/quarantine. The owners should have done more to protect their employees instead of simply expecting them to keep coming into work after being around a Covid-positive person.”

Last week, Boris (age 34), a line cook from South Brooklyn, told us about a recent incident at his restaurant:

There was a Covid case at the restaurant I’ve been working at recently. This person had been working at the restaurant for 2 days while unknowingly positive. Once they found out they were positive the restaurant closed down for 2 weeks. The owners sent everyone home with absolutely no compensation or help for that time period. We were all just expected to somehow fend for ourselves and wait until the owners re-opened. They also posted a letter stating that anyone who has eaten at the restaurant should be tested as well.”

These two stories represent two very different responses to a worker contracting COVID-19. However, they both highlight an undeniable truth in our industry: the lack of collective power by restaurant workers to determine our conditions of employment.

—In the first scenario, the owners prioritized staying open so their business would not take a significant hit. They did not mandate any of their workers to quarantine or get tested. The owners placed maximizing returns on investments over the physical health of workers and those around them.

—In the second instance, the owners were transparent about the infection, and the shuttering of the restaurant meant that workers did not run the same risk of contracting and spreading COVID-19. However, workers were left with two weeks of lost wages with no notice. The restaurant did nothing to help the workers pay rent and otherwise make ends meet.

These stories illustrate that from where we stand, the owners do not have to bother with their workers when making a decision that drastically impacts us. The owners decide our fate on their own, and all they have to do is relay that information to workers. Powerless and unorganized, we are left either to accept their terms or to be fired.

Once we unionize the restaurant industry, we will no longer be faced with this false choice of having to risk our health or risk losing our ability to feed and house ourselves. We must not forget that our labor is what keeps the owners afloat. When we organize across all of the divisions that have been imposed on us to prevent collective struggle – tipped vs. non-tipped workers, undocumented vs. documented workers, etc. – we will be able to resolve the problems we face in a manner consistent with our own interests. This power has never been more critical than at the present time, in which the health crisis and the economic crisis have conspired to force ever-greater numbers of us into poverty and disease.


[1] https://www.washingtonpost.com/food/2020/12/11/korean-restaurant-coronavirus-airflow-study/

Mientras que celebramos en año nuevo, el Covid-19 continúa a hacer estragos por el mundo, causando nuevos récords de casos y muertes. El número de muertos diarios llegó a una altura devastador de 4.085 el 8 de enero. La Cuidad de Nueva York no ha sido una excepción a esta tendencia, con casos diarios llegando a las alturas de 17.000+ de enero. Mientras que los hospitales se esfuerzan a tratar con el volumen de pacientes de Covid-19, comida al aire libre, y hasta en interior, sigue siendo permitido en la mayoría de estados, mientras que hay cada vez mas evidencia que salir a comer es una actividad particularmente arriesgada.[1] La vacuna ofrece esperanza para el futuro, pero cuando los trabajadores de restaurante serán eligibles no está exactamente claro, y en general, la distribución de la vacuna ha sido un fracaso.

Con una falta clara de dirección al nivel federal y los estados siendo dejados a hacer sus propias decisiones, la forma de manejo de casos de Covid-19 está a merced del capital. Las siguientes historias, compartidos con el RWC-CTR por trabajadores de restaurantes de NYC, muestran las respuestas inconsistentes de los dueños.

Akmyrat (23 años), un busser de Queens, nos mandó la historia siguiente a medios de diciembre:

“Yo contraje un caso leve de Covid-19 en diciembre. Estaba trabajando al momento y apenas tenía síntomas notables de congestión. Me asusté cuando notó que se me fue el olfato una tarde después de trabajar. Contactó a my jefe y no fui al trabajo. Dio positivo en una prueba, que quería decir que fue contagioso en el trabajo por dos días y la mayoría de mis compañeros de trabajo estaban en peligro de haber contraído el virus. Hizo la cuarentena en casa, y volví al trabajo después de recuperar completamente. Encontré al volver que el restaurante nunca cerró y que ninguno de mis compañeros habían hecho la prueba ni se pusieron en cuarentena, incluso los que estaban en contacto cercano conmigo. Fue aliviado a saver que ninguno de mis compañeros se enfermó, pero alarmado que podrían haber sido portadores asintomáticos. Entiendo completamente lo difícil que es perder una cantidad significante de trabajo, y que podrían no haber sentido que tenían la opción de pedir tiempo libre para hacerse la prueba o ponerse bajo cuarentena. Los dueños deberían haver hecho más para proteger a sus empleados en lugar de tenerles seguir viniendo al trabajo después de estar estado con una persona que dio positivo por Covid.”

La semana pasada, Boris (34 años), un cocinero de linea de South Brooklyn, nos dijo de un incidente reciente en su restaurante:

“Hubo un caso de Covid en el restaurante donde he estado trabajando recientemente. Esta persona había estado trabajando en el restaurante 2 días, inconscientemente positivo. Una vez que se entero, el restaurante entero cerró por 2 semanas. Los dueños nos mandaron todos a casa sin compensación o ayuda para ese periodo de tiempo. Simplemente esperaban que nos cuidaríamos nosotros mismos mientras que esperamos hasta que los dueños reabrieron. También publicaron una carta diciendo que los que comieron el el restaurante deberían hacerse la prueba también.”

Estas dos historias representado dos respuestas diferentes a un trabajador enfermándose con Covid-19. Sin embargo, los dos subrayan un hecho innegable en nuestra industria: la falta de poder colectiva de trabajadores de restaurante a determinar las condiciones de nuestro empleo.

—En el primer caso, los dueños priorizaron mantenerse abiertos para que su negocio no estaría dañado. No mandaron a sus trabajadores a ponerse en cuarentena o a hacerse la prueba. Los dueños favorecieron la máxima rentabilidad de sus ingresos sobre la salud física de los trabajadores y de los al su alrededor.

—En la segunda instancia, los dueños fueron transparentes sobre la infección, y cerrar el restaurante quería decir que los trabajadores no correrían el mismo riesgo de contactar y propagar el Covid-19. No obstante, los trabajadores fueron dejados con dos semanas de salarios perdidas sin noticia en avanzado. El restaurante hizo nada para asegurar que sus trabajadores podían pagar la renta y por lo demás llegar al fin de mes.

Estos testimonios ilustran de que dónde estamos, los dueños no tienen que molestarse con las circunstancias de los trabajadores cuando hacen una decisión que nos impacta drásticamente.  Los dueños deciden nuestro destino ellos mismos, y todo lo que están obligados a hacer es comunicar su decisión. Sin poder y sin organización, estamos dejados a aceptar sus términos o ser botados a la calle.

Una vez que sindicalicemos la industria de restaurantes, no tendremos que enfrentar las opciones falsas de tener que arriesgarnos nuestra salud o arriesgarnos perder la habilidad de comer y tener hogar donde vivir. No deberíamos olvidar que es nuestro trabajo que mantiene a los patrones. Cuando organicemos a través de las divisiones impuestas sobre nosotros para prevenir la lucha colectiva – entre trabajadores propinados y no-propinados, entre los documentados e indocumentados, etc. – vamos a poder resolver nuestros problemas de una manera consistente con nuestros propios intereses. Este poder nunca ha sido más crítico que en el momento presente, en que la crisis de salud y la crisis económica han colaborado a derrumbarnos con let hambre y la enfermedad.


[1] https://www.washingtonpost.com/food/2020/12/11/korean-restaurant-coronavirus-airflow-study/

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