Lessons from the Fight of Delivery Workers / Lecciones de la Lucha de los Deliveristas

Photo: Sammy Escalante

There are many types of workers in the restaurant industry: hosts, bussers, waiters, cooks, dishwashers, barbacks, bartenders, and delivery workers. This vast body of workers numbering into the tens of thousands in New York City alone creates all profits in the industry. These profits support a layer of non-producing dependents of different types: restaurant owners and managers, investors, banks that collect interest, landlords that collect rent, and app delivery companies. Workers will inevitably resist this exploitation. When one section of workers fights for their fundamental rights, it reveals the existence of this layer sitting on top of us and provides lessons to all other workers – regardless of whether the outcome is a win, a loss, or a stalemate.

The ongoing fight of NYC delivery workers demonstrates three things. First, despite the lack of large and concentrated shops in our industry, it is necessary and possible for restaurant workers to overcome our dispersion, form links, and build organization. As all workers know, alone we are weak but together we are strong. This is especially critical in our sector, where owners use the immigration status of workers to prey on our undocumented comrades.

Delivery workers are well placed in this task of building organization, as their job subjects them to abuse from dozens of restaurant owners each day – in addition to the exploitation they face at the hands of various delivery apps. They spontaneously grasp that the problem isn’t this or that individual boss, but the class of capitalists as such, that is, they understand that the struggle pits the collective force of workers against the collective force of capital.

Second, the law is a tool of the bosses. In the delivery business, the bosses legally classify workers as “independent contractors” in order to squeeze every drop of our labor. Workers can work for as long as 13 hours a day only to earn $30 and bike as long as 10 miles for a single delivery. In restaurants, owners cry about small profit margins when workers complain about low wages, dangerous conditions, and lack of health insurance and job security. When it comes to gig companies, we hear a similar sob story: “we haven’t turned a profit in years.” Yet, last year, in California, Uber, Lyft, Instacart, and DoorDash poured $200 million into an aggressive campaign to exempt workers from being classified as employees (known as Proposition 22). In their campaign, companies said that they would hike prices if Prop 22 did not pass, since paying workers as employees with full benefits would be too high. Yet, after Prop 22 passed, they hiked prices anyway.

Third, the “labor movement” is full of false friends, as shown by the recent proposed “Network Workers Bill”. Leaders of the big trade unions have been quietly trying to craft a deal with tech companies since 2016.[1] In New York, this led to the founding of the Independent Drivers Guild, which is funded by Uber (!). The drivers with IDG can collectively bargain, but are classified as independent contractors and not employees. As many have recognized, this is a company (or “yellow”) union, that is, a union that – far from being an adversary of the owners – acts as their tool.

Last week, a proposal for an IDG-type organization died in the New York State legislature. The deal would have created two bargaining units: one for rideshare drivers and another for delivery workers. What was proposed was far from anything that would resemble a union:

  • Workers would remain classified as independent contractors and not as employees. Workers would be exempt from minimum wage laws.
  • Workers would be banned from striking, boycotting, and demonstrating over working conditions.
  • The “union” would be funded through a “representation fee.” This is a 10-cent surcharge that a customer would pay during each delivery or ride. As we have previously mentioned, union dues are a fundamental aspect of worker democracy: an organization that is funded by its members will be responsible to its members. What this arrangement would mean is that the “union” would be not financially accountable to its members.

In the opposition, we find Los Deliveristas Unidos, the Taxi Workers Alliance, 32BJ, and others. The Transport Workers Union president John Samuelson, who had been present and involved in discussions over the bill, initially supported the bill and called it an “extremely advanced piece of legislation” before changing sides.

The proposal was supported by Uber, Lyft, the Independent Drivers Guild, and Sen. Diane Savino (D-Staten Island/Brooklyn) … but also by the New York State AFL-CIO. Labor “leaders” like these indicate the depth of the current crisis in the labor movement.


[1] https://www.bloomberg.com/news/features/2021-02-17/gig-economy-coming-for-millions-of-u-s-jobs-after-california-s-uber-lyft-vote

Hay muchos tipos de trabajadores en la industria de restaurantes: hosts, bussers, meseros, cocineros, lavaplatos, barbacks, bartenders, y trabajadores de delivery (entregas). Este cuerpo masivo de dieces de miles de trabajadores en la Ciudad de Nueva York en si mismo crea todas las ganancias en la industria. Estas ganancias apoyan un estrato de dependientes no-productores de varios tipos: dueños y gerentes de restaurantes, inversores, bancos que colectan interés, propietarios que colectan renta, y compañías de aplicaciones de delivery. Los trabajadores inevitablemente resistirán esta explotación. Cuando una sección de trabajadores luchan por sus derechos fundamentales, revela la existencia de este estrato posicionado encima de nosotros y provee lecciones a todos los trabajadores – independientemente de si el resultado es una victoria, una derrota, o un estancamiento. 

La lucha continuante de los Deliveristas de Nueva York demuestra tres cosas. Primero, a pesar de la falta de locales grandes con alta concentración de trabajadores en nuestra industria, es posible y necesario que los trabajadores de restaurante superemos nuestra dispersión, forjemos conexiones, y construimos la organización. Como todos los trabajadores sabemos, aislados somos débiles pero juntos somos poderosos. Esto es especialmente importante en nuestro sector, donde los dueños usan el estatus migratorio de los trabajadores para abusar de nuestros camaradas indocumentados. 

Los trabajadores Deliveristas están bien ubicados en esta tarea de construir la organización, tanto que su trabajo les somete al abuso de docenas de dueños de restaurantes cada día – adicionalmente a la explotación que enfrentan a las manos de varias aplicaciones de entregas. Espontáneamente captan que el problema no es un dueño individual u otro, sino que la clase capitalista ensimismo, es decir que entienden que la lucha opone la fuerza colectiva de los trabajadores contra la fuerza colectiva del capital. 

Segundo, la ley es una herramienta en servicio de los patrones. En el negocio de entregas, los dueños legalmente clasifican a los trabajadores como “contratadores independientes” para exprimir cada gota de sus labores. Trabajadores pueden trabajar por hasta 13 horas al día solo para ganar $30 y pueden ir en bici por hasta 10 millas en una sola entrega. En los restaurantes, los dueños se quejan sobre los márgenes pequeños cuando los trabajadores comparten sus agravios sobre salarios pésimos, condiciones peligrosas, y falta de seguro médico y seguridad de empleo. De las grandes compañías de ‘gig’, oímos el mismo cuento tártaro: “no hemos sido rentables en años.” Pero el año pasado en California, Uber, Lyft, Instacart, y Doordash gastaron $200 millones en una campaña agresiva para excepcionar a trabajadores de ser clasificados como empleados (conocida como la proposición 22). En su campaña, las compañías dijeron que subirían los precios si no se aprobara la Proposición 22, porque pagar a los trabajadores como empleados con beneficios completos sería demasiado costoso. Sin embargo, después de que se aprobó la Proposición 22, las compañías aumentaron los precios igualmente. 

Tercero, el “movimiento laboral” está lleno de amigos falsos, como fue demostrado por la recientemente propuesta “Ley de Trabajadores de Red”. Los líderes de los sindicatos grandes han estado silenciosamente intentando llegar a un acuerdo con las compañías tech desde 2016. En Nueva York, esto llegó al establecimiento del Gremio de Conductores Independientes (IDG), que está financiado por Uber (!). Los conductores del IDG pueden negociar colectivamente, pero están clasificados como contratadores independientes y no como empleados. Como muchos han reconocido, esta es una unión de la compañía (una unión “amarilla” o cobarde) es decir, un “sindicato” que – lejos de ser un adversario de los empleadores – actúa como su herramienta. 

La semana pasada, una propuesta por una organización tipo IDG murió en la legislatura del Estado de Nueva York. Este acuerdo hubiera creado dos unidades negociantes: una para conductores de desplazamiento compartido y otra para trabajadores de entregas. Lo que fue propuesto fue lejos de algo que se parecería a un sindicato: 

  1. Los trabajadores seguirían siendo clasificados como contratadores independientes y no como empleados. Los trabajadores estarían exentos de leyes de salario mínimo. 

  2. Los trabajadores estarían prohibidos declarar huelgas, montar boicots, o organizar manifestaciones sobre condiciones de trabajo. 

  3. La “unión” estaría financiada a través de un “cargo de representación.” Esto es un recargo que el cliente pagaría con cada entrega o desplazamiento. Como hemos mencionado previamente, las cuotas sindicales son aspectos fundamentales de la democracia laboral: una organización financiada por sus miembros es responsable a sus miembros. Este acuerdo aseguraría que esta “unión” no sería financieramente responsable a sus miembros.

Como oposición, encontramos los Deliveristas Unidos, la Alianza de Trabajadores de Taxi, 32BJ, y otros. El Presidente de la Unión de Trabajadores de Transporte John Samuelson, que había estado presente y activo en discusiones sobre la legislación, inicialmente apoyó la ley y lo describió como “una pieza de legislación extremadamente avanzada” antes de cambiar de lado. 

Esta propuesta fue apoyada por Uber, Lyft, el Gremio de Conductores Independientes, y Sen. Diane Savino (D-Staten Island/Brooklyn)… pero también por el AFL-CIO del estado de Nueva York. “Líderes” obreros como estos indican la profundidad de la crisis actual del movimiento obrero. 

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