RWC-CTR in the New York Times / RWC-CTR en el New York Times


Last week, the RWC-CTR was featured in an article in the New York Times: “Organizing a Union in the Disorganized World of Small Restaurants,” (July 19, Priya Krishna). The article included the following:

The Restaurant Workers’ Council in New York, founded by 12 restaurant employees in March 2020, aims to force the creation of a multi-employer bargaining unit. They plan to picket several employers one by one,creating an incentive for the owners to bargain together.

‘If you are only focused on the restaurant at hand that you work at, you are narrowing the scope of your own reach’ said Jason, 42, a council member, who did not provide his surname for fear of losing his job as a waiter in a Brooklyn restaurant.

One worker at a Michelin-starred restaurant in Manhattan, who asked not to be identified because she is undocumented, said that even though employees like her are often paid the least because of their vulnerable status, she has long been afraid to join a union drive at her workplace. Now, as a member of the Restaurant Workers’ Council, she feels there is safety in numbers.

Immediately following these paragraphs on our organization, the Times presented a rebuttal in the form of a quote from Saru Jayaraman, the director of the so-called “worker” center One “Fair” Wage (O“F”W) – an organization we have written about in the past:

But Ms. Jayaraman, of One Fair Wage, believes that unionizing can be an inefficient means for creating industrywide change.

‘We don’t think you can organize shop by shop by shop,’ she said. She would prefer that workers and owners push for federal policies like raising the minimum wage.

We would like the final word here.

There is a sense in which Jayaraman is correct, and in fact she understates the case: one of the goals of unionizing workers is to establish uniform wages and conditions, and organizing an archipelago of small shops is not simply inefficient, but it cannot fulfill that goal. This is why we aim to organize the whole sector, and not just a restaurant here and a café there.

But the larger point should be lost on no one.

On the one hand, “worker” centers recognize that an impoverished working class is not in the interests of capital, as low wages and miserable conditions narrow the market for wage goods.

On the other hand, they understand that sectoral unions provide the working class with organization, unity, workers’ democracy, and training for struggle – while aiming to conquer the maximum possible wage for workers in a given industry, and not a minimum wage.  All of this runs counter to the capitalist class interests of O“F”W and their wealthy funders.

The solution, for people like Jayaraman? Have the capitalist state create uniform wages and conditions through minimum wage laws! This takes the initiative out of the hands of workers and maintains the disorganization and misery of the working class, all while meeting the needs of capital for a wage floor.

Of course, the wage floor established through minimum wage laws are in no way adequate to meet the needs of the average worker, but if Jayaraman cared about the needs of the average worker, she would have advocated “creating industrywide changethrough sectoral unionization, i.e., she would have recommended expanding the scope of existing unionization projects. Instead, she came out forthrightly against unions in the restaurant sector.

Jayaraman is a lawyer and lieutenant of capital, and not a worker or labor leader. We don’t care what she thinks. But every restaurant worker conscious of our class tasks should not be fooled by such sellers of snake oil. We must take up the struggle to build our sectoral union with renewed determination, so that the day approaches when anti-worker organizations like O“F”W are nothing more than disused relics of the past.

La semana pasada, el RWC-CTR apareció en un artículo del New York Times: “Organizando un sindicato en el mundo desorganizado de los pequeños restaurantes” (19 de julio, Priya Krishna). El artículo incluyó lo siguiente:

El Consejo de Trabajadores de Restaurantes de Nueva York, fundado por 12 empleados de restaurantes en marzo de 2020, apunta a forzar la creación de una unidad de negociación multiempresarial. Planean hacer piquetes contra varios empleadores uno por uno, creando un incentivo para que los propietarios negocien juntos.

“‘Si sólo te centras en el restaurante en el que trabajas, estás reduciendo el alcance de tu propio alcance’, dijo Jason, de 42 años, miembro del consejo, que no dio su apellido por miedo de perder su trabajo como camarero en un restaurante de Brooklyn.

Una trabajadora de un restaurante con estrellas Michelin de Manhattan, que pidió no ser identificada porque es indocumentada, dijo que aunque los empleados como ella suelen ser los que menos cobran, debido a su situación de vulnerabilidad, durante mucho tiempo ha tenido miedo de unirse a una campaña sindical en su lugar de trabajo. Ahora, como miembro del Consejo de Trabajadores de Restaurantes, siente que hay seguridad en los números.

Inmediatamente después de estos párrafos sobre nuestra organización, el Times presentó una refutación en forma de una cita de Saru Jayaraman, directora del así-llamado centro de “trabajadores” One “Fair” Wage (O “F “W) – una organización sobre la que hemos escrito en el pasado:

Pero la Sra. Jayaraman, de One Fair Wage, cree que la sindicalización puede ser un medio ineficaz para crear un cambio en toda la industria.

“‘No creemos que se pueda organizar tienda por tienda’, dijo. Ella preferiría que los trabajadores y los propietarios impulsaran políticas federales como el aumento del salario mínimo.

Nos gustaría tener la última palabra aquí.

Hay un sentido en el que Jayaraman tiene razón, y de hecho hasta subestima el caso: uno de los objetivos de la sindicalización es establecer salarios y condiciones uniformes por todo un sector, y organizar un archipiélago de pequeñas tiendas no es simplemente ineficiente, sino que es incapaz de cumplir ese objetivo. Por eso organizaremos a todo el sector, y no sólo un restaurante aquí y una cafetería allá.

Pero el punto más importante no debería perderse.

Por un lado, los centros de “trabajadores” reconocen que una clase obrera empobrecida no favorece los intereses del capital, ya que los bajos salarios y las condiciones miserables estrechan el mercado de bienes asalariados.

Por otro lado, entienden que los sindicatos sectoriales proveen a la clase obrera la organización, la unidad, la democracia obrera y la formación para la lucha, al tiempo que pelean para conquistar el máximo salario posible para los trabajadores de una determinada industria, y no un salario mínimo.  Todo esto va en contra de los intereses de clase capitalistas de O “F “W y de sus ricos financiadores.

¿La solución, para gente como Jayaraman? Que el Estado capitalista cree salarios y condiciones uniformes mediante leyes de salario mínimo. Esto quita la iniciativa a los trabajadores y mantiene la desorganización y la miseria de la clase obrera, todo ello mientras satisface las necesidades del capital por un piso salarial.

Por supuesto, el suelo salarial establecido a través de las leyes de salario mínimo no es en absoluto adecuado para satisfacer las necesidades del trabajador medio, pero si Jayaraman se preocupara por las necesidades del trabajador medio, habría abogado por “crear un cambio en toda la industriaa través de la sindicalización sectorial, es decir, habría recomendado ampliar el alcance de los proyectos de sindicalización existentes. En lugar de ello, se mostró abiertamente en contra de los sindicatos en el sector de restaurantes.

Jayaraman es una abogada, y un lugarteniente del capital, y no un trabajador o líder obrero. No nos importa lo que piense. Pero todos los trabajadores de restaurantes que somos conscientes de nuestras tareas de clase no debemos dejarnos ser engañados por tales vendedores de aceite de serpiente. Debemos retomar la lucha por construir nuestro sindicato sectorial con renovada determinación, para que se acerque el día en que las organizaciones anti-obreras como O “F “W no sean más que reliquias desusadas del pasado.

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