Marching in Place / Marchando el lugar

The wait for COVID-19 tests at Elmhurst Hospital in Queens, NYC last year on March 23, 2020.
(SOURCE: Jeff Chien-Hsing Liao for The New Yorker) / La espera por pruebas de COVID-19 en Elmhurst Hospital en Queens, NYC el marzo del año pasado (FUENTE: Jeff Chien-Hsing Liao for The New Yorker)

It feels like decades of history have passed since March 15, 2020. Political regimes have changed, legislative agendas have been strangled to death on the Senate floor, the accelerated decline of US hegemony in the world has become plain for all to see, and we have been able to celebrate a historic strike wave which suggests the possible beginning of a more expansive upsurge in the labor movement.

However, this renewal of labor organization and militancy is threatening to pass over the hundreds of thousands of unorganized restaurant workers in New York City. Deprived of a subjective force that can transform our sector – a force which will only be constituted by our future union – we find ourselves in a situation hardly different than that from which we started nearly two years ago. We are once again completely at the mercy of forces alien to ourselves as the omicron variant ravages the city.

Governor Hochul has expressed the perspective of the bourgeoisie on the current health crisis:

We want to make sure that our critical work force who we’ve relied on from the beginning – and my heart goes out to them filled with gratitude – that our workers can get back […] You’re the ones that got us through the first many months of anxiety. We need you again. We need you to be able to go to work.”[1]

In other words: the working class exists in order to fill our pockets, and so regardless of the health consequences, workers must remain at their posts.

We know from the experience of wave after wave, that we restaurant workers have had to shoulder some of the heaviest burdens of disease, disability, and death. We can see the future ahead of us because we have lived through it already. Despite widespread vaccinations, cases are reaching record levels, and hospitalizations are beginning to rise. A particularly disturbing piece of news: pediatric hospitalizations from COVID-19 have quadrupled in the past three weeks, showing that not even our children will be spared from the coming catastrophe. Once again, the message from on high is that we are entirely on our own.

To make things worse, COVID testing in the city has become a nightmare. Demand for testing skyrocketed to new heights after the city shuttered 10 mass-testing sites, and private offices are being forced to closed as well. Since we are uncompensated for the time spent in testing lines, a worker can lose an entire day of wages waiting to see if it is safe to go to work tomorrow.

Potentially even more dangerous to the mass of restaurant workers in the city is the real loss of livelihood that follows potential loss of life. The wages lost from an entire day in a testing line can make the difference between paying an extortionate rent or starting down the path toward eviction. Sudden restaurant closures, where workers are sent home for up to two weeks without pay, are decidedly not in our favor, despite the bosses’ words about keeping ‘their’ workers safe. Likewise, the fact that a positive test can mean an unpaid vacation that few of us can afford, shows that once again, the bosses and their politicians will do anything they can to make sure that they are able to ride out the crisis on the backs of workers.

This situation shows us that through the various waves of COVID, through labor shortages, and various other disruptions, restaurant workers have been marching in place. We must reject both the fake-optimism of the officials and the resignation that has set in after nearly two years of death and disease. We must fight for the measures that will see us through this newest episode of this ongoing crisis. We must build our strength through our organization. Beyond this, we must demand that all workers be compensated for time spent seeking vaccination or COVID testing. We must fight for paid leave in case of exposure, or in order to recover from illness. It is up to us, and only us, to decide if we will be sacrificed for profit, or whether we will rescue ourselves from our powerlessness.


[1] <https://www.nytimes.com/2021/12/24/nyregion/new-york-quarantine-policy-covid.html&gt;

Parece que han pasado décadas de historia desde el 15 de marzo de 2020. Los regímenes políticos han cambiado, las agendas legislativas han sido estranguladas hasta la muerte en el Senado, el declive acelerado de la hegemonía estadounidense en el mundo se ha vuelto evidente para todos, y nosotros hemos podido celebrar una ola histórica de huelgas que sugiere el posible comienzo de un repunte más expansivo del movimiento obrero.

Sin embargo, esta renovación de la organización laboral y la militancia amenaza con saltar por encima a los cientos de miles de trabajadores de restaurantes no organizados en la ciudad de Nueva York. Privados de una fuerza subjetiva que pueda transformar nuestro sector, una fuerza que solo estará constituida por nuestro futuro sindicato, nos encontramos en una situación apenas diferente a la que comenzamos hace casi dos años. Una vez más, estamos completamente a merced de fuerzas ajenas a nosotros mientras que el variante omicron asalta a la ciudad.

El gobernador Hochul ha expresado la perspectiva de la burguesía sobre la crisis sanitaria:

“ Queremos asegurarnos de que nuestra fuerza laboral crítica. en la que hemos confiado desde el principio – y mi corazón está lleno de gratitud por ellos – que nuestros trabajadores puedan volver […] Ustedes son los que nos ayudaron a superar los primeros meses de ansiedad. Te necesitamos de nuevo. Necesitamos que puedas ir a trabajar “.[1]

En otras palabras: la clase obrera existe para llenar nuestros bolsillos, independientemente de las consecuencias para la salud, y los trabajadores permanecerán en sus puestos.

Sabemos por la experiencia de ola tras otra, que los trabajadores de los restaurantes hemos tenido que soportar algunas de las cargas más pesadas de enfermedades, discapacidades y muerte. Podemos ver el futuro por delante porque ya lo hemos vivido. A pesar de las vacunaciones generalizadas, los casos están alcanzando niveles récord y las hospitalizaciones comienzan a aumentar. Una noticia particularmente inquietante: las hospitalizaciones pediátricas por COVID-19 se han cuadriplicado en las últimas tres semanas, lo que demuestra que ni siquiera nuestros niños se salvarán de la catástrofe que viene. Una vez más, el mensaje de lo alto es que estamos completamente solos.

Para empeorar las cosas, las pruebas de COVID en la ciudad se han convertido en una pesadilla. La demanda de pruebas ha disparado a nuevas alturas después de que la ciudad cerró 10 sitios de pruebas masivas, y las oficinas privadas también se vieron obligadas a cerrar. Dado que no se nos compensa por el tiempo dedicado a hacer cola para una prueba, un trabajador puede perder un día entero de salario esperando ver si es posible ir a trabajar mañana.

Potencialmente aún más peligrosa para la masa de trabajadores de restaurantes en la ciudad es la pérdida real de sustento que sigue a la posible pérdida de vida. Los salarios perdidos de un día entero en una fila de prueba pueden marcar la diferencia entre pagar un alquiler exorbitante o emprender el camino hacia el desalojo. Los cierres repentinos de restaurantes, donde los trabajadores son enviados a casa por hasta dos semanas sin recompensa, decididamente no están a nuestro favor, a pesar de las palabras de los patrones sobre mantener la salud de “sus” trabajadores. Asimismo, el hecho de que una prueba positiva pueda significar unas vacaciones no remuneradas que pocos de nosotros podemos permitirnos, demuestra que una vez más, los patrones y sus políticos harán todo lo posible para asegurarse de que puedan sobrellevar la crisis a expensas de los trabajadores.

Esta situación nos muestra que a través de las diversas olas de COVID, a través de la escasez de mano de obra y varias otras interrupciones, los trabajadores de los restaurantes han estado marchando en lugar. Debemos rechazar tanto el falso optimismo de los funcionarios como la abatimiento que se ha producido después de casi dos años de muerte y enfermedad. Debemos luchar por las medidas que nos ayuden a superar este episodio más reciente de esta crisis. Debemos construir nuestra fuerza a través de nuestra organización. Más allá de esto, debemos exigir que todos los trabajadores sean compensados por el tiempo dedicado a buscar vacunas o pruebas de COVID. Debemos luchar por una licencia pagada en caso de exposición o para recuperarnos de una enfermedad. Depende de nosotros, y solo de nosotros, decidir si seremos sacrificados para obtener ganancias o si nos rescataremos de nuestra impotencia.


[1] <https://www.nytimes.com/2021/12/24/nyregion/new-york-quarantine-policy-covid.html&gt;

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